Entra dentro del deseo humano querer alargar la vida del objeto artístico y hacer posible su disfrute durante varias generaciones. Muy pocas obras se han mantenido “inmaculadas” a lo largo de la historia. Durante siglos el acto de restaurar respondía a la restitución de la funcionalidad perdida, es decir, al reaprovechamiento puro y duro, más que al anhelo por conservar la obra como tal. El Renacimiento trajo profundos cambios: el hombre se sintió apegado al pasado clásico, considerándose responsable de esa herencia. La idea enraizaría aún más en el siglo XVIII con los grandes hallazgos de Pompeya y Herculano. La obra de arte se entiende ahora como un monumento con valor documental, testigo de la historia acontecida.
El siglo XIX es fundamental para la historia de la restauración, naciendo dos corrientes antagónicas. La primera fue capitaneada por Eugène Viollet-le-Duc y se llamó restauración en estilo; promovía devolver a la obra su estado ideal según el estilo en que ésta se concibió. La segunda fue una tesis mucho más romántica, ejemplificada en las palabras de John Ruskin: «La restauración es un engaño, un daño mayor que la ruina del edificio». Ruskin y sus seguidores contemplaban la vejez y muerte del objeto artístico antes que la intromisión en éste.
El equilibrio entre procedimientos más o menos agresivos se mantiene hoy día. Las obras se restauran por necesidad, cuando sufren desperfectos fruto del paso del tiempo o antes de participar en exposiciones temporales, práctica cada vez más extendida.
Los expertos siempre prefieren una conservación preventiva, basada en medidas de salvaguardia, como la limpieza y aplicación de productos fijadores en el caso de la pintura. Las lagunas existentes no se tocarían, pues prevalece la mínima intromisión. El siguiente paso sería llevar a cabo una restauración. Reintegrar posibles ausencias es lícito siempre y cuando se mantenga cierta honestidad: la parte restaurada ha de adivinarse sobre el original. Podemos citar los repintes con trama diversa (puntos, rayas) o el añadido de elementos arquitectónicos modernos que no desvirtúen en demasía la visión del edificio restaurado. Para muchos restauradores, la obra de arte es un organismo vivo y cambiante, susceptible a vivir su propia evolución.
Actualmente, son incontables los procesos de restauración que realizan los grandes museos e instituciones culturales . ¿Debemos considerar las aportaciones realizadas por los restauradores como un episodio más en la larga vida de las obras de arte?
Vía| MARTÍNEZ JUSTICIA, María José. Historia y teoría de la conservación y la restauración artística, 2009., Historia de la restauración
Más información| Museo Nacional del Prado
Imagen| Asoarte, Teatro de Sagunto
ARTÍCULO SACADO DE: http://queaprendemoshoy.com/que-es-la-restauracion-artistica/